Maestros, el corazón del sistema educativo

Nunca pensé que la vuelta al cole fuera tan difícil. En estos momentos, soy la parada más ocupada de España. He pasado 15 días entre tutorías y revisiones médicas, me siento como Bill Murray en ‘El día de la marmota’. Al igual Phil Connors, no tengo muy claro el camino que debemos tomar para no sentir ese ‘déjà vu’ año tras año.
Si hago caso a la tutoría que tuve con el equipo pedagógico del colegio, parece que las cosas van por buen camino. Conocen perfectamente que es el TDAH y cómo tratarlo. Es más, se supone que mantienen línea directa con los profesores y tutores de estos niños (mi príncipe no es el único en un colegio con más de 2.000 niños).
mividaconuntdah_15La tan denostada, criticada y atacada LOMCE tiene alguna cosas buenas, por lo menos reconoce y tipifica en un artículo las necesidades especiales de estos alumnos. ¿Qué significa esto? Que a los niños diagnosticados con TDAH les tienen  que hacer, sí o sí, adaptaciones metodológicas. Hasta aquí todo sobre ruedas, por lo menos eso parece a primera vista.
En casa hemos iniciado el curso, utilizando la agenda como medio de comunicación con la tutora. Lo primero, y como dictan los especialistas, he pedido una tutoría. Perdonadme si quizá esté prejuzgando, pero mis primeras impresiones han sido tan frías como los cubos de agua helada del ELA. Lo sé, estoy hablando guiada por mi piel, pero da la casualidad de que no me suelo equivocar.
Los que sois padres y madres de un TDAH me vais a entender a la primera; los que crean que no existe, pensarán que soy una blanda. No obstante, allá va mi percepción.
Cuarto día de clase, ya había tenido la tutoría con la PT de mi príncipe y se suponía que a todos los profesores les habían pasado información de los alumnos. En la mismísima salida de clase, con una marabunta de padres moviendo los cuellos y las manos para que sus hijos les vieran (los niños se entregan en mano), la tutora de mi hijo me hizo una señal para que me acercara. A mí ya me dio un vuelco al corazón, pensé: ‘¿qué habrá hecho este ahora?’. Sin mediar palabra, sin presentarse y sin nada, me suelta: ‘Le he dicho a XXXX tres veces que te diga que quiero hablar contigo. Me pediste una tutoría’.
Mi cara era un poema. En décimas de segundo por mi cabeza pasaron cientos de pensamientos. Sólo fui capaz de balbucear: ‘Claro, normal que no me lo diga. Se le olvida, mejor lo escribes en la agenda’.
La tutora me soltó un discurso que a priori parecía lógico: ‘Mira es que tenemos que estar muy comunicadas, si necesitas hablar conmigo, no importa que me lo digas a la salida, pero tenemos que ir en un mismo equipo. Estoy muy preocupada porque hoy estaba trabajando conmigo, de pronto se ha cruzado de brazos y ha dicho que no hacía nada más. Además no puede tardar dos horas en comer. El comedor es parte de la educación y esto no puede seguir así’.
Mientras la escuchaba, por mi cabeza volaban miles de pensamientos, de los cuales uno se repetía incensantemente: ‘Ni idea, no tiene ni idea’.
Con el tema del comedor la paré en seco, ‘En ese asunto no vamos a ir por el mismo camino, porque mi hijo desayuna a las ocho y media y con la pastilla esa que tengo sobre mi alma, a las doce y media NO TIENE HAMBRE. Ya hablaremos de esto’, le corté con mi rejo navarro. ‘Respeto a su negativa de trabajar, si no me equivoco, estoy segura de que le ha pasado algo’, le dije con mi mejor sonrisa. ‘Nooooo, estaba en mi mesa y ha sido de pronto’, respondió.
-Bueno, déjame que hable con el niño. De momento, me lo cuenta todo. Ya lo investigo.
Me voy a ahorrar la charla para revelar sólo el resultado. Estaban haciendo una ficha de inglés en la  que tenían que escribir cómo se llama su mascota, qué come, etcétera. Nuestro Nikon, un Golden Retrevier dorado con el que ha crecido como si fuera su hermano, se acaba de morir. ‘Mamá, me acordé de Nikon, me dieron ganas de llorar y me sentí mal’. Por más que insistí que eso se lo tenía que haber dicho a la profesora, él se emperraba en que no. Por fin confesó que se lo dijo a una compañera del grupo y ella fue la que se chivó. ‘Eso es pasado y hay que olvidarlo’. La tutora le contestó a la niña con tan mala fortuna que mi príncipe se sintió peor, entró en barrena y decidió ponerse en huelga de brazos caídos.
Lo sé, tiene que aprender a tratar con todo el mundo. Este tipo de reacciones hay que trabajarlas. De hecho le convencí para que hablara con ella al día siguiente y se lo contara, pero todo su miedo era que le repitiera la misma contestación. Estaba realmente dolido. Para él esa frase había sido muy desafortunada.
Confieso que me siento preocupada. Estos niños funcionan por motivación y como la tutora no sea capaz de motivar a mi reancuajo nos auguro un curso complicado. Lo sé, él también tiene que poner de su parte. Lo que me preocupa es cómo enseñarle estrategias para que aprenda a ver que no todo el mundo te tiene que querer. Hay cosas que hay que hacer y punto.
Llevo varios días leyendo artículos sobre la nueva educación y la necesidad de mejorar la relación entre padres y profesores. Estoy totalmente de acuerdo con todas esas teorías. Los padres debemos acercarnos y mantener una relación positiva con el colegio. Hoy por hoy, yo no me siento muy cercana y me lo tienen que notar.
Los maestros (me gusta más llamarlos así) son el corazón del sistema educativo. Para los niños son una referencia, casi sus segundos padres. En mi memoria siempre habrá cuatro o cinco nombres que fueron vitales en los años de colegio. Da la casualidad que todos eran de primaria. Ellos también son responsables. Su labor es muy importante, les dejamos durante ocho horas a nuestros tesoros más preciados y deberían mantener una formación continua. No puede ser que cada vez que arranque el curso estemos esperando a ver si nuestros hijos tienen suerte, les toca un tutor implicado, preparado, con ganas de enseñar y aprender. Sí, aprender. Con los niños también se aprende.

8 Thoughts.

  1. Hola Milagros. Te entiendo perfectamente. Yo también he tenido una entrada dura en el curso este año. A veces es difícil hacer equipo con los maestros… Yo no les pido que estén formados en todas necesidades especiales, me conformo con que tengan un mínimo de inteligencia emocional, que traten a los niños con el cariño y el respeto que se merecen y que les escuchen. Si un niño siente que es tenido en cuenta por su maestro, ya es un paso muy importante para la motivación. Creo que no es mucho pedir… ¡Mucho ánimo!

  2. Hola vaya lo q cuentas…te deseo muchísima suerte con la profe,yo creo q da igual q tu nene tenga o no toda…la respuesta y la actitud e la profe a cualquier niño le hubiese dolido…eso me queda claro a mi..mas sensibilidad bolines y empatía!!!le vas a tener q motivar tu en casa el doble de lo normal para mitigar lo de la profe..y respecto a profe yo le explicaría como tratar a tu hijo com empatía respeto y cariño lo primero es fundamental da igual tenga o no tenga tdah y a explicárselo todo a ella como si fuera otra niña siempre anticipándote y bien mascado …no te queda otra …tendrás dos nenes en el curso escolar ella y el tuyo.infinnita paciencia y suerte

  3. Me sorprenden mucho las referencias del blog a las ocho horas que el niño pasa en un aula, un comentario que también aparece al comentar la escolarización en educación infantil. Hasta donde yo conozco, el horario lectivo es de 25 horas semanales. ¿Se refiere a las horas de permanencia totales en el colegio?

    • Hola Conchi, claro que me refiero a las ocho horas que pasan dentro. En el colegio de mi hijo tienen cuatro horas de clase antes de comer con un recreo y tres después de comer (son de 45 minutos) así que son 7 asignaturas, si no se desdobla alguna, por día. No sé, pero si le sumamos la inmensa carga de deberes que traen desde muy pequeños, me parece que ¡ya está bien! en mi humilde opinión, los niños aprenden también jugando y no les viene mal aburrirse de vez en cuando. ¿No crees que el sistema está mal desde el principio? Yo no quiero que mi hijo sea un pitagorín, sólo que vaya al colegio feliz y no se queje de la inmensa carga de deberes. Muchas veces me declaro YO EN REBELDIA y no los hace porque tiene que jugar. Me puedo equivocar, pero para mi todavía son muy pequeños para llevar esa tralla. Un beso y gracias por leerme.

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